El sendero del zen. El camino de la paradoja.
Un ministro evangelista conducía un servicio religioso en un
maniconio. Su discurso se vio súbitamente interrumpido por
uno de los internos, que gritaba enloquecido:
- ¡ Me pregunto si tengo que estar escuchando todas
estas tonterías!
El ministro, sorprendido y sonfuso, se volvió hacia el guardia
y preguntó:
- ¿Debo dejar de hablar?
El guardia respondió:
- No, no, siga usted, no volverá a ocurrir. Ese hombre sólo
tiene un instante de cordura cada siete años.
Es muy difícil estar cuerdo en un mundo enloquecido. El zen es sencillo pero difícil a la vez. Simple en lo que respecta al zen -es la cosa más simple del mundo, la más simple porque es espontánea-, pero muy difícil a causa de nuestras mentes condicionadas, a causa del mundo enloquecido en que vivimos, en que nos han criado, y que nos ha corrompido.
OSHO, El sendero del zen. El camino de la paradoja.
